martes, 21 de marzo de 2017

Día mundial de la poesía

Árbol,
siento
latir tu corazón.

Nueva savia
fluye,
en silencioso cauce,
por venas vegetales.

Viene de lejos,
de una entraña profunda.

Un día,
cuando caduque el tiempo,
tocaré las raíces.

Desde un fondo oscuro
navegaré tus fibras
hacia la pura luz.

Un halo
de frágil estructura
anidará en las ramas.

Lo mecerá la brisa.

lunes, 16 de enero de 2017

TUS OJOS...



Cuando este mensaje emigre lejos de mi ya será un nuevo año. El tiempo es una línea recta que nunca se detiene, aunque intentemos dividirlo, encerrarlo, en compartimentos estancos.

Estoy lejos de la tierra de luz donde nací a la vida. Anclado, detenido, en una ciudad inmensa que se está volviendo inhóspita.
Hace días que una densa cortina de nieve limita el horizonte, ciega los ojos, paraliza con frío abrazo los latidos. El cielo se ha caído sobre las azoteas y de sus heridas brotan lágrimas blancas que todo lo cubren.
Han desaparecido las calles y las plazas. Las ramas desnudas de los árboles se quiebran bajo el peso del blanco llanto helado.
La nieve está alcanzando alturas nunca vistas. No hay forma de frenar la borrasca que nos envuelve amenazando con aniquilarnos.

Agobiante silencio se tiende sobre lo que antes era una ciudad dinámica que nunca descansaba.

No podemos recibir ayuda. Antes de romperse las comunicaciones llegaban noticias de que estaba sucediendo lo mismo en distintos puntos del planeta.
No salimos de nuestras casas. El frío es tan intenso que ya no quedan recursos para combatirlo.

La noche y el día se funden en una oscuridad interminable.

El viento muerde con rabia las altas esquinas que quedan al descubierto. Es un aullido sordo, sostenido, que se confunde con el de los lobos y penetra, como un escalofrío, hasta el último rincón, traspasando todas las barreras.

No consigo dormir, tampoco lo deseo.  Un extraño sopor, una ensoñación profunda, se ha apoderado de cada fibra de mi ser.

Los recuerdos flotan en el aire, se congelan y desaparecen, huyen hacia algún lugar oscuro sin retorno posible.

Estaban las señalas, pero no quisimos interpretarlas.
Desde confortables despachos se impulsó el crecimiento insostenible. El depredador humano, insaciable virus de la naturaleza, terminó por arrasar todo lo que se oponía a su codicia irrefrenable. Fagotizó a las demás especies destruyendo su hábitat natural. Envenenó el aire, el agua, y al fin se envenenó a si mismo.

El desprecio infinito de los que vamos a morir caiga sobre los principales causantes de este último e irreversible desastre.

Un pensamiento, una certeza última, desciende como un cuchillo y se clava en las entrañas. Duele, duele más que el frío, asistir al final de una especie a la que la naturaleza dotó de un cerebro prodigioso, tanto que al final la mala gestión de sus casi infinitas capacidades, le condujo a su propia autodestrucción.

Profunda tristeza atenaza lo que queda de mi alma.

Una extraña niebla limita los contornos.

Todo se borra...

...sólo quedan tus ojos... sólo tus ojos... nada más que tus ojos...

                                                                                                caminantesent


domingo, 11 de diciembre de 2016

Tiempos difíciles, "la tribu"


Los ancianos se reunieron en consejo hasta que la luna se ocultó detrás de las altas montañas.
No conseguían recordar como había empezado todo. Sin los recuerdos del pasado no podían comprender la terrible situación que amenazaba con destruir la tribu.

Decidieron, como último recurso, ir a visitar a la Gran Madre, depositaria de la sabiduría  y tradiciones más antiguas.  
Sentados en semicírculo esperaron muchas lunas delante de su tienda, pero la anciana no daba señales de querer salir.

Después de muchas cavilaciones acordaron enviar un emisario para intentar convencerla de que escucharas sus cuitas y arrojara un poco de luz sobre el futuro que les aguardaba.

Cuando salió el  enviado un ronco y pavoroso rumor recorrió a los allí reunidos, tal era el rostro de espanto y el terror que reflejaban sus ojos. Tambaleante se acercó a los ancianos que se habían puesto en pie y con nerviosos ademanes les comunicó la fatal noticia: la anciana yacía inmóvil; más pálido el rostro que la última luna;  los ojos quietos y hundidos; crispados los dedos, intentando sujetar algo invisible que había huido de su cuerpo...

Comprendieron al instante que el Gran Espíritu les había abandonado, maldecido su rica tierra, paralizado el juego y las voces de los niños. Hacía tiempo que un profundo silencio se había adueñado del poblado. Los cazadores regresaban abatidos y sin presas y las recolectoras ya no encontraban vayas, frutos ni raíces en la seca y dura tierra.

Estuvieron varias lunas más sumidos en profundas pensamientos. Al fin tomaron una trascendental decisión: abandonarían la tierra de sus antepasados emprendiendo una larga marcha hacia el lugar, detrás del horizonte, donde se perdía el vuelo de las aves.
Se guiarían por las estrellas, sobre todo aquella más brillante que parecía indicarles el camino...

Amable lector: 
Tal vez así, movidos por la necesidad de supervivencia, comenzó la expansión del homo sapiens por todo el planeta. Y aquella pequeña tribu se convirtió, con el paso de los siglos, en lo que hoy somos.
Nunca sabrían que lo que estaba sucediendo era un profundo cambio climático. Por fortuna, para todos nosotros, tuvieron tierras y espacio para colonizar y consiguieron sobrevivir.

Una pregunta me queda dando vueltas como un moscardón irritante: cuando a nosotros, a nuestros hijos, o a los hijos de nuestros hijos, se nos terminen los recursos, o un imparable cambio climático asole el planeta, ¿ encontraremos un lugar donde seguir habitando o será el final de esta raza capaz de las más altas y bellas acciones, pero también de los más horrendos crímenes y despropósitos?


                                                                                                 Ángel V Díez Álvarez


lunes, 19 de septiembre de 2016

Espera...

Qué lejos las palabras,
las dulces, las hermosas,
el cielo azul
o las nubes errantes.

Lejos el mar y la música líquida.

En algún lugar del infinito
una luna viajera
se alejará despacio.

¿Habrá estrellas fugaces?

Todo huye...
Se hielan los recuerdos.

Varado en este muelle inhóspito,
lenta, larga, la espera...



jueves, 9 de junio de 2016

AUSENCIAS

Aquí sigue la fuente:
dedos del agua jugando con el aire;
música ascendiendo
hacia ese puro azul.

Y los árboles quietos,
los senderos en sombra.
El silencio tendido sobre la verde piel.

Casi todo está igual...

Sólo faltan las manos,
sólo faltan los ojos,
sólo falta el hechizo
de los que un día fueron.

Sólo me falta todo
lo que era hermoso y dulce.

Sólo quedan ausencias...

                                                  hacedor de sueños
                                                   


lunes, 23 de mayo de 2016

niebla

Buscadme al fin al lado azul de la montañas,
donde habito atrapado por olas fugitivas.

Caminé una  mañana a favor de los cauces,
hacia el lugar remoto donde el agua se funde.

Ya no regresaré.

Un cansancio creciente va  segando los pasos.

Hay una extraña niebla que borra

                                                     los caminos.

martes, 17 de mayo de 2016

PARÁBOLA, el saltamontes verde

Había una vez una familia de saltamontes de alas oscuras, que vivían en un entorno de ásperas piedras de tonalidades grises y marrones. Árido paisaje de escasa vegetación.
Perfectamente mimetizados con los elementos que les rodeaban, menos uno, más pequeño, de un intenso color verde que sobrevivía asilado, ocultándose, quizá por la extrema vulnerabilidad que le producía, en aquel medio, su llamativo color.

El viajero se detuvo a contemplarlo con las palmas de las manos vueltas hacia arriba, en ese lenguaje universal que significa amistad...
De pronto, con un inesperado y ágil impulso, el saltamontes saltó sobre ellas.

Se miraron largo rato: el viajero con
sorpresa; el saltamontes, muy quieto,
con sus grandes ojos inmóviles...

Así estuvieron mucho tiempo. Tal vez se estaban comunicando a través de la mirada en silencioso lenguaje sin palabras.

De nuevo el saltamontes tomó la iniciativa y en un prodigioso movimiento saltó sobre la camisa del viajero.






Ascendió muy despacio hasta acomodarse allí, cerca del corazón, como para un largo viaje...






Y caminaron más allá de las sendas, hasta el remoto lugar del mágico país, donde nacen los ríos y se forman los vientos.

Después de los flexibles juncos que crecían cerca del agua, coronados de delicadas flores azules, se extendía una suave pradera de intenso color verde, donde cientos de saltamontes, ¡también verdes!, les dieron alborozados la bienvenida.

Sintieron que habían llegado a su destino.

Estaba anocheciendo. El viajero se tendió sobre el fresco y acogedor manto. En el firmamento aparecieron los primeros puntos luminosos. Le pareció que el saltamontes también contemplaba el infinito. Desde algún lugar de la memoria regresaron aquellos versos escritos en horas de nostalgia.

                         "... y en el cielo, prado oscuro,
                          pasó el sembrador de estrellas..."

Y se durmieron felices y en calma, acunados por el latido del profundo corazón del mundo.
                                                                          
                                                                                Fin


P. D.
   Amigos mios: por distintos que seamos, por inhóspito que nos parezca nuestro entorno, siempre habrá una mano amiga para ayudarnos a recorrer el camino hasta ese lugar, donde seres de espíritu sensible, nos acogerán alborozados en sus limpios corazones.
                                   Y ya tendremos un hogar donde habitar.

                                                                                        Ángel V Díez Álvarez